El déficit de las pensiones se dispara y ya roza los 27.000 millones

El déficit de las pensiones se dispara y ya roza los 27.000 millones

El desequilibrio suponía a final del segundo semestre el 2,37% del PIB, por encima del objetivo de Escriva para todo el año

La Seguridad Social está contra las cuerdas. El desplome de la economía y la destrucción de empleo por la pandemia está golpeando las ya maltrechas cuentas de la Seguridad Social, que ve cómo se agrandan los números rojos que arrastra desde 2011 y que al final del segundo semestre se situaban ya en 26.600 millones. Esta cantidad supone el 2,37% del PIB, más que el objetivo que se ha fijado el ministro de Seguridad Social para todo el año, del 2%.

El desfase es consecuencia de que los desembolsos siguen creciendo en un escenario de brusca caída de los ingresos, lo que ha provocado que el sistema esté endeudado en 100.000 millones. La ejecución presupuestaria del primer semestre refleja que la recaudación por cotizaciones, el pulmón con el que se pagan las pensiones, se desplomó en el primer semestre un 3,8% respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que los gastos crecieron un 3%. Así se recoge en el trabajo «Pensiones públicas más allá de la Covid-19» elaborado por los economistas Enrique Devesa y Rafael Doménech para BBVA Research en la que reclaman al Pacto de Toledo soluciones con urgencia.

Aseguran ambos economistas que «esta crisis no hace más que intensificar y anticipar en el tiempo el desequilibrio subyacente del sistema de pensiones como consecuencia del aumento de la esperanza de vida, de la jubilación de la generación del «baby boom» en los próximos años, y de que las nuevas pensiones entran en el sistema con un desequilibrio actuarial». Los actuarios sitúan este desfase en el 51% de media y el Banco de España calcula que, con datos de 2017, las nuevas pensiones recibirían 1,74 euros de prestación por cada euro de cotización.

Dicen ambos economistas, dos de los expertos que asesoraron al Gobierno de Rajoy para la reforma de las pensiones en 2013, que aunque existe bastante incertidumbre en las proyecciones de población, todas apuntan a que la tasa de dependencia, definida como la población de 66 años o más sobre la población en edad de trabajar, se duplicará en las próximas décadas. Alertan de que en ausencia de mecanismos correctores por el lado del gasto o de los ingresos, el déficit del sistema irá creciendo paulatinamente como consecuencia del incremento de la relación entre pensionistas y cotizantes.

Problema de sostenibilidad

Devesa y Doménech advierten de que este desequilibrio genera un problema de sostenibilidad, que a su vez da lugar a incertidumbres y a una preocupación en la sociedad sobre el futuro de las pensiones, a lo que suman las deficiencias en el diseño actual, que hace que las cotizaciones, que son más elevadas que en la media de la UE, sean vistas como un impuesto más y no como un salario diferido. Esta situación «genera importantes efectos distorsionadores con consecuencias negativas sobre los costes salariales, el empleo y la inversión de las empresas», puntualizan.

Explican que, a diferencia de lo que ocurre en países como Países Bajos o Suecia, la información que reciben los trabajadores a lo largo de su carrera laboral sobre la correspondencia entre lo cotizado y su futura pensión es claramente insuficiente en España. A ello añaden «los problemas de contributividad y falta de equidad, de manera que las personas que han cotizado más a lo largo de su carrera laboral pueden recibir pensiones iguales o incluso menores que otras que han cotizado menos».

Por todo ello proponen al Pacto de Toledo un giro en la definición del sistema de reparto. Abogan por implantar cuentas nocionales individuales como «la mejor estrategia para asegurar la sostenibilidad, elevar la contributividad, la equidad, la transparencia, la suficiencia y la eficiencia, eliminar las incertidumbres, incentivar el retraso en la edad de jubilación, aumentar la probabilidad de empleo de los jóvenes y reducir las distorsiones sobre el sistema productivo». Creen que tomar esta decisión tendría efectos positivos sobre la productividad, el empleo, la innovación y el crecimiento, «lo que a largo plazo -afirman- termina dando lugar también a pensiones medias más elevadas y a un aumento del bienestar social».

Los dos economistas defienden que la transición al nuevo sistema sea gradual para que los futuros pensionistas tengan tiempo para ir viendo cómo las proyecciones de su pensión inicial cambian, puedan anticiparse y adoptar decisiones para contrarrestar los cambios en función de sus expectativas.

Cuentas nocionales

¿Pero en qué consisten las cuentas nocionales? Con esta fórmula los cotizantes en activo pagarían las pensiones de los jubilados del momento, como ahora. Sin embargo, en lugar de que el dinero de las cuotas fuera a una caja común, iría a cuentas individuales, de forma solo contable. Así, cada trabajador iría acumulando las cotizaciones de toda su vida laboral en su propia cuenta virtual y a esas aportaciones se le sumaría el rendimiento neto de ese dinero acumulado. Toda esa suma conformaría el denominado capital nocional.

En el momento de la jubilación, a esa cantidad acumulada se le aplicaría un factor de conversión, que transformaría ese dinero en una renta vitalicia. Dicho factor consistiría en aplicar la media de años que va a vivir el jubilado, según la esperanza de vida en ese momento, y cómo se revalorizará su pensión anualmente.

Fuente: ABC

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